La madrugada de este sábado, 28 de febrero de 2026, marca uno de los capítulos más sombríos de la historia contemporánea. En una demostración brutal de neoliberalismo depredador aplicado a la guerra, Estados Unidos e Israel iniciaron un ataque coordinado de gran escala contra Teherán.
Las explosiones que iluminan el horizonte de la capital iraní no son simples “objetivos militares”, sino el sonido del fracaso diplomático y del uso privado de la maquinaria de guerra estadounidense para sostener la hegemonía de un Estado genocida en la región.
El ataque ocurre en el preciso momento en que Irán señalaba flexibilidad en las negociaciones nucleares en Ginebra, revelando que el verdadero objetivo de Washington y Tel Aviv nunca fue el acuerdo, sino la aniquilación de cualquier resistencia a su dominación en Asia Occidental.
BREAKING: War on Iran starts.
— Sulaiman Ahmed (@ShaykhSulaiman) February 28, 2026
Israel has just hit Tehran. pic.twitter.com/ZUxiXLIBqN
La operación, que involucra una flota masiva de cazas y barcos de guerra, es la materialización de la política de “presión máxima” retomada por Donald Trump, que utiliza sanciones económicas para asfixiar a la clase trabajadora iraní antes de asestar el golpe militar. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, utiliza el cinismo habitual al clasificar la carnicería como un “ataque preventivo”. En la práctica, lo que se observa es la exportación del modelo de exterminio aplicado en Gaza a una escala continental, transformando a Irán en un nuevo laboratorio de pruebas para armamento de alta tecnología financiado por el contribuyente estadounidense, mientras el mundo asiste, paralizado, al riesgo inminente de una conflagración nuclear global.
Internamente, Irán ya enfrentaba el cerco de una inflación galopante y la inestabilidad provocada por sanciones que buscan el colapso social. Ahora, la población civil se encuentra entre la represión interna y las bombas externas. Mientras las élites políticas se protegen en lugares seguros, es el pueblo —estudiantes y trabajadores— quien pagará el precio de sangre por este “mostrador de negocios” geopolítico. La respuesta “feroz” prometida por Teherán pone a las bases estadounidenses en todo el Medio Oriente en el blanco, dibujando un escenario donde la transparencia republicana y el valor de la vida humana son sacrificados en el altar del complejo industrial-militar.








