La sangre llama a la sangre en una región que no conoce el descanso.
Hezbollah ha decidido que el silencio ya no es una opción tras los bombardeos israelíes en Teherán.
Al atacar el norte del Estado hebreo, el grupo busca aliviar la presión sobre el Irán post-Jamenei. Pero el costo es, como siempre, el pueblo libanés.
Las FDI ya han iniciado su maquinaria de destrucción, utilizando el lenguaje de la “retribución” para justificar lo que muchos consideran una agresión sistemática contra la soberanía de sus vecinos.
Desde el Diário Carioca denunciamos la hipocresía de un sistema internacional que observa impasible cómo las potencias utilizan el suelo árabe como tablero de ajedrez para sus intereses energéticos y militares.
La justicia no vendrá de los misiles, sino del fin de la ocupación.








