Con la cuenta regresiva de 48 horas, el intercambio de amenazas entre Washington y Teherán pone en jaque el suministro de agua, luz y combustible de miles de millones de personas.
Al dar 48 horas a Irán para abrir el Estreito de Ormuz bajo pena de destruir sus centrales eléctricas, Donald Trump ha activado un detonador que Teherán promete responder con la aniquilación de la infraestructura energética de todo el Medio Oriente.
Lo que está en juego en las próximas horas no es solo quién dispara el primer misil, sino la supervivencia de las cadenas de suministro globales.
Si Trump cumple su promesa de atacar centrales nucleares y térmicas, Irán ya ha señalado el "objetivo inverso": las plantas de desalinización de agua y petróleo de los aliados estadounidenses.