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Cuba, como cualquier otro país del planeta, está luchando contra el impacto del COVID-19. Esta pequeña isla de 11 millones de habitantes ya desarrolló cinco vacunas candidatas, además de enviar – a través de la Brigada Médica Internacional Henry Reeve – trabajadores de salud a todo el mundo. Al mismo tiempo, Estados Unidos endurece un cruel e ilegal bloqueo de la isla, un asedio medieval que se ha prolongado durante seis décadas. En abril de 2020, siete relatores especiales de Naciones Unidas escribieron una carta abierta al Gobierno de Estados Unidos sobre el bloqueo. “En la emergencia de la pandemia”, escribieron, “la falta de voluntad del Gobierno de Estados Unidos para suspender las sanciones puede conducir a un mayor riesgo de este tipo de sufrimiento en Cuba y otros países afectados por sus sanciones”. Los relatores especiales señalaron los “riesgos para el derecho a la vida, la salud y otros derechos críticos de los sectores más vulnerables de la población cubana”.

El 12 de julio de 2021, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, declaró en una rueda de prensa que su país se enfrenta a una grave escasez de alimentos y medicinas. “¿Cuál es el origen de todos estos problemas?”, preguntó. La respuesta, dijo, “es el bloqueo”. Si el bloqueo impuesto por Estados Unidos se acaba, muchas de las grandes dificultades a las que se enfrenta Cuba se acabarían también. Por supuesto, hay otros retos que superar, como el colapso del sector turístico (ocasionado por la pandemia). Estos dos problemas – la pandemia y el bloqueo – han aumentado los desafíos para el pueblo cubano. La pandemia es un problema al que se enfrentan, hoy, todas las personas del mundo. El bloqueo impuesto por Estados Unidos es un problema exclusivo de Cuba y de los otros 30 países afectados por las sanciones unilaterales de Estados Unidos.

Protestas

El 11 de julio, los habitantes de varias zonas de Cuba – como San Antonio de los Baños – salieron a la calle para protestar por la crisis social. La frustración por la falta de productos en las tiendas y el aumento de las infecciones por COVID-19 se presentan como el motor de las protestas. El presidente Díaz-Canel declaró que la mayor parte de la gente está “insatisfecha”, pero que su descontento se alimenta por “la confusión, los malentendidos, la falta de información y el deseo de expresar una situación particular”.

En la mañana del 12 de julio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se apresuró a hacer una declaración que apesta a hipocresía. “Estamos con el pueblo cubano”, dijo Biden, “y su claro llamado a la libertad”. Si el Gobierno de Estados Unidos estuviera realmente preocupado por el pueblo cubano, lo mínimo que podría hacer es retirar las 243 medidas coercitivas unilaterales implementadas por la presidencia de Donald Trump antes de dejar su cargo en enero de 2021. Biden – incumpliendo sus promesas de campaña – no ha iniciado el proceso para revertir la designación que Trump hizo de Cuba como “estado patrocinador del terrorismo”. El 9 de marzo de 2021, la portavoz de Biden, Jen Psaki, dijo: “Un cambio en la política hacia Cuba no está actualmente entre las principales prioridades del presidente Biden”. En cambio, la política de “máxima presión” de Trump – destinada a derrocar al Gobierno cubano – permanece intacta.

Estados Unidos acumula un historial de seis décadas intentado derrocar al Gobierno cubano, en las que incluso ha utilizado asesinatos e invasiones como estrategia política. En los últimos años, el Gobierno de Estados Unidos ha aumentado el financiamiento a personas dentro de Cuba y en la comunidad de cubanos en Miami, Florida. Buena parte de este dinero proviene directamente del National Endowment for Democracy y de USAID. Su destino: incrementar cualquier descontento dentro de Cuba hasta convertirlo en un desafío político para la Revolución Cubana.

El 23 de junio, el Ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, declaró que las “medidas de Trump siguen muy vigentes”. Conforman la “conducta de la actual administración estadounidense precisamente durante los meses en que Cuba ha experimentado las mayores tasas de contagio, el mayor número de muertos y un mayor costo económico asociado a la pandemia del COVID-19”.

Los costos de la pandemia

El 12 de julio, Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación de Cuba, habló a la prensa sobre los gastos de la pandemia. En 2020, dijo, el Gobierno invirtió 102 millones de dólares en reactivos, equipos médicos, equipos de protección y otros materiales. Durante el primer semestre de 2021, el Gobierno invirtió 82 millones de dólares en este tipo de materiales. Cuba no tenía previsto este gasto y, por el colapso del sector turístico, se trata de un dinero no tiene.

“No hemos escatimado en recursos para enfrentar el COVID-19”, dijo Fernández. Los enfermos de COVID-19 son internados en hospitales. Cada tratamiento le cuesta al país 180 dólares por día. Si el paciente necesita cuidados intensivos, el costo por día aumenta a 550 dólares. “A nadie se le cobra un peso por su tratamiento”, informó Fernández.

El Gobierno socialista de Cuba asume la responsabilidad de la atención médica y de la seguridad social. A pesar de los graves problemas de la economía, el Gobierno garantiza los salarios, compra medicamentos y distribuye alimentos, así como electricidad y agua corriente. Esta es la razón por la que Cuba sumó 2.400 millones de dólares a su ya considerable sobreendeudamiento. En junio, el viceprimer ministro cubano, Ricardo Cabrisas Ruíz, se reunió con el ministro francés de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire, para discutir las consecuencias económicas de la pandemia del COVID-19. Francia, que gestiona la deuda de Cuba con los acreedores públicos del Club de París, lideró el esfuerzo por aminorar las exigencias del servicio de la deuda de La Habana.

Los costos del bloqueo

El 23 de junio, 184 países de la Asamblea General de la ONU votaron a favor de poner fin al bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba. Durante la discusión sobre la votación, el canciller cubano Rodríguez informó que entre abril de 2019 y diciembre de 2020, el Gobierno perdió 9.100 millones de dólares debido al bloqueo (436 millones de dólares al mes). “A precios actuales”, dijo, “los daños acumulados en seis décadas ascienden a más de 147.800 millones de dólares, y frente al precio del oro, asciende a más de 1,3 billones de dólares”.

Si se levantara el bloqueo, Cuba podría solucionar sus grandes problemas financieros y utilizar los recursos para dejar de depender del turismo. “Estamos con el pueblo cubano”, dice Biden en EE. UU., pero en La Habana, el eco de esta frase parece decir: “Estamos contra el pueblo cubano”.

El primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, dijo que quienes salieron a las calles el 11 de julio “pedían una intervención extranjera y decían que la Revolución [cubana] estaba cayendo. Nunca disfrutarán de esa esperanza”. En respuesta a esas protestas antigubernamentales, las calles de Cuba se llenaron de decenas de miles de personas que portaban banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio. Cruz dijo: “El pueblo respondió y defendió la revolución”.

Este artículo fue producido para Globetrotter.

Manolo De Los Santos es investigador y activista político. Durante 10 años, trabajó en la organización de programas de solidaridad y educación para desafiar el régimen de sanciones y bloqueos ilegales de Estados Unidos. Con residencia en Cuba desde hace muchos años, Manolo ha trabajado hacia la construcción de redes internacionales de movimientos y organizaciones populares. En 2018, se convirtió en el director fundador del People’s Forum en la ciudad de Nueva York, una incubadora de movimientos para que las comunidades de la clase trabajadora construyan la unidad a través de las líneas históricas de división en el país y en el extranjero. También colabora como investigador con el Instituto Tricontinental de Investigación Social y es becario de Globetrotter/Peoples Dispatch.

Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. También es miembro senior no-residente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. Su último libro es Washington Bullets, con una introducción de Evo Morales Ayma.

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