La desclasificación de archivos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos (DoJ) este 15 de febrero de 2026 ha sacado a la luz la alianza más oscura de la extrema derecha transnacional. Los correos electrónicos entre Steve Bannon, arquitecto del populismo autoritario, y Jeffrey Epstein, el depredador sexual que operaba en las altas esferas, revelan una estrategia coordinada para “derribar” al Papa Francisco. Lo que se expone no es una mera diferencia doctrinal, sino un intento de golpe institucional contra el Pontífice, a quien Bannon identificaba como el obstáculo moral supremo para el avance del nacionalismo soberanista.
En las comunicaciones de 2019, Bannon utiliza una retórica de guerra total, situando a Francisco en una “lista de objetivos” junto a figuras como los Clinton y el liderazgo de la Unión Europea. La obsesión del estratega con Roma —donde intentó establecer una academia de formación de cuadros ultraderechistas en un monasterio medieval— confirma que la captura del Vaticano era el eje central de su revolución reaccionaria. Epstein, por su parte, actuaba como el facilitador financiero y logístico, discutiendo incluso la producción de cine propagandístico basado en filtraciones para chantajear a la jerarquía jesuita.
La instrumentalización de la fe como arma política
El interés de Bannon por el libro “En el armario del Vaticano”, de Frédéric Martel, desvela el cinismo absoluto de la defensa de los “valores judeocristianos” que pregona. No buscaba proteger a las víctimas ni reformar la Iglesia; pretendía convertir los secretos confesionales en munición geopolítica. Sugerir que Epstein —un hombre ya condenado por delitos sexuales— ejerciera de productor ejecutivo de una obra sobre la moralidad católica es la prueba definitiva de la amoralidad de Bannon. Para la élite fascista, la Iglesia no es una institución sagrada, sino una pieza de ajedrez que debe ser “purgada” para instaurar una teocracia alineada con el capital depredador.
La respuesta del Vaticano, articulada por el Padre Antonio Spadaro, señala la gravedad del plan: el intento de convertir la fe en un arma de destrucción masiva. Al defender a los migrantes y denunciar el capitalismo salvaje, Francisco se convirtió en el “Enemigo Público Número Uno” del bannonismo. Los correos demuestran que, para estos conspiradores, el humanismo del Papa representaba una amenaza existencial que debía ser eliminada para dar paso a un aislacionismo identitario y excluyente.
Análisis y Contexto
El eje Bannon-Epstein-Salvini y la soberanía del odio
Los documentos también implican a figuras como Matteo Salvini, a quien Bannon instó a “atacar” al Papa en territorio italiano. Esta coordinación demuestra que el ataque a Francisco fue un ensayo general para la desestabilización de las democracias occidentales. Mientras Epstein citaba burlonamente a John Milton —afirmando que es “mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo”—, Bannon trabajaba para construir ese infierno en la Tierra. El fracaso de esta trama, frenada por la resiliencia institucional y la negativa de intelectuales como Martel a ser cooptados, ofrece una visión aterradora de cómo el neofascismo busca legitimidad mediante el secuestro de instituciones milenarias.
Takeaways:
- El eje Bannon-Epstein buscaba transformar el Vaticano en un satélite ideológico de la extrema derecha.
- Los escándalos eclesiásticos fueron planificados como herramientas de asesinato de reputación contra Francisco.
- Steve Bannon reclutó activamente a Jeffrey Epstein para financiar propaganda anti-Vaticano.
- El Papa Francisco es el objetivo principal por su defensa de los refugiados y su crítica al nacionalismo.
- La alianza revela el desprecio absoluto de la ultraderecha por la ética religiosa en favor del poder soberanista.
Hecho-Cláve:
- Fecha de revelación: 15 de febrero de 2026.
- Origen: Archivos desclasificados del Departamento de Justicia de EE. UU. (DoJ).
- Período de comunicaciones: Junio de 2019.
- Objetivos declarados: Papa Francisco, Clinton, Xi Jinping, Unión Europea.
- Obra de referencia: “En el armario del Vaticano” de Frédéric Martel.
- Aliados clave: Matteo Salvini y Benjamin Harnwell.





