
La Noruega institucional se enfrenta a su hora más oscura tras la desclasificación de documentos del caso Epstein.
La princesa Mette-Marit y figuras como Thorbjørn Jagland aparecen vinculados a una red de influencia que utilizaba el prestigio del Premio Nobel y el Foro Económico Mundial como cobertura.
Perspectivas Editoriais
Mientras el hijo de la princesa es juzgado por violación, las revelaciones de que Mette-Marit mantuvo contacto con Epstein hasta 2014 —incluso bromeando sobre su reputación negativa— destruyen la imagen de integridad de la corona.
Es la prueba de que el poder global opera en una burbuja de impunidad donde la ética es sacrificada en el altar del acceso y la exclusividad.





